El 23 de febrero de 1554, hace 472 se produjo la batalla Marihueñu en las cercanías de Lota, fue una gran derrota en que casi pierde la vida el Gobernador de Chile don Francisco de Villagra, cabe recordar que solo meses antes Lautaro había dado muerte a Pedro de Valdivia. La situación era altamente complicada, con dos derrotas devastadoras con las fuerzas y el animo muy menguados, tuvieron que evacuar la ciudad de Concepción, donde se refugiaron las mermadas fuerzas españolas. Tal era la situación que no pocos daban por perdida la conquista de Chile.
Todo comenzó luego de la derrota de Tucapel, donde muere Pedro de Valdivia, Francisco de Villagra debe asumir el mando y reorganiza sus fuerzas, ordenando el refuerzo de los fuertes de Imperial para la defensa con la población de Villarrica, y abandonando las plazas de Los Confines (Angol) y Arauco para reforzar Concepción. Villagra aprovecho la ventana de tiempo que otorgaba la tradición guerrera araucana imponía una larga celebración del triunfo de la navidad de 1553, lo que impidió que Lautaro aprovechara el triunfo de Tucapel para avanzar sobre los fuertes españoles como era su deseo. Apenas en febrero el toqui logró reunir un nuevo ejército, justo para enfrentar a las fuerzas de Villagra, quien había reunido en Concepción cerca de 370 españoles y 2000 yanaconas.
Francisco de Villagra, partió de Concepción el 20 de febrero de 1554 a la cabeza de 180 hombres, 120 eran jinetes, con 6 piezas de artillería operadas por 30 hombres al mando del maestre de campo Alonso de Reinoso, 20 soldados de infantería y una fuerza de varios cientos de auxiliares.
Villagra tenía a sus tropas bien organizadas y con la moral bastante alta. Los araucanos no los molestaron desde el paso del Bíobio y repitieron la misma conducta cuando habían observado a Valdivia en su marcha hacia el fuerte Tucapel en el pasado.
La columna española avanzó hasta un estero de Chibilongo o Chivilingo en el valle de Colcura donde acamparon el 23 de febrero, dejando un destacamento para proteger las balsas, de ahí tomaron la senda de los altos de Marihueñú para atravesar la cordillera de la costa. Sin embargo, después de la partida de Villagra, Lautaro envió una fuerza de 500 guerreros a atacar por sorpresa al puente de balsas cortando la retirada española.
El camino pasaba por bosques espesos, así que Villagra ordenó como precaución al capitán Alonso de Reinoso el avanzar con 30 a 40 hombres en exploración. Al llegar a la cima, que se extendía como una planicie cortada por un precipicio por un lado y al otro extremo una foresta cerrada fueron atacados por unos 8.000 mapuches obligándoles a retroceder peleando hasta juntarse nuevamente con el grueso.
Tan pronto ganó la cumbre, Villagra hizo formar en escuadra de combate a sus fuerzas, con los emplazamientos artilleros a retaguardia. El sol levantaba con fuerza a las ocho de la mañana. Pronto un chivaterío ensordecedor se dejó sentir junto con la salida del primer escuadrón mapuche quienes atacaron a los españoles del mismo modo que con Valdivia en Tucapel. Y una vez más se retiraron hacía el bosque siendo reemplazado por un segundo escuadrón, luego por un tercero y un cuarto que combatían con el mismo ímpetu y arrojo.
Ya para el mediodía habían caído muerto muchos castellanos y más de mil yanaconas sin que los mapuches bajaran la intensidad, de pronto una embestida más y algunos indígenas lograron penetrar el círculo defensivo español y lazearon al mismo Francisco de Villagra bajándolo del caballo, mientras los mapuches gritaban entusiasmados : -Apo (Jefe)-, Apo…!!.
La situación era extrema, iban a matar a un gobernador de Chile en menos de 2 meses, había que salvarlo a toda costa, haciendo gala de la garra española y encomendándose al apóstol Santiago, varios soldados logran rescatar a Francisco de Villagra que a penas podía defenderse y resistía la paliza protegiéndose y atacando como podía. Villagra es rescatado muy aturdido por los incontables golpes de maza que le propinaron los mapuches, dejándole su armadura totalmente abollada.
Eran más de las 4 de la tarde y aún se mantenía la batalla y los españoles empezaron a mostrar desesperanza dado que en una arremetida mapuche lograron capturar a los sirvientes de los cañones y mataron a todos sus 20 artilleros, ya sin piezas de artillería Villagra dio por pérdida la batalla y resolvió dar la retirada, pero para su estupor, los mapuches habían cortado el camino dejando solo una senda que conducía al precipicio, muchos tomaron la senda y perecieron en la emboscada a golpe de maza o despeñados.
Villagra habilidad y audacia logró perforar una salida de la emboscada y por ahí se salvaron apenas 66 soldados y algunos cientos de yanaconas, habían quedado 88 castellanos en poder de las eufóricas huestes mapuches, además se había perdido la artillería completa más bagaje y cabalgaduras.
Con esto la figura de Lautaro como líder y estratega militar ante los suyos y los españoles. Villagra y los sobrevivientes logran llegar a la Santísima Concepción, donde organizan la evacuación de la ciudad antes que fuese atacada por las enardecidas huestes araucanas.