La muerte del gobernador García Oñez de Loyola en Curalaba (1598), trajo como consecuencia el ataque y destrucción de las ciudades del sur, en las que un número aproximado de 500 personas, entre hombres, mujeres y niños, fueron capturadas por el enemigo.
Así el fraile dominico Juan Falcón calculaba 300 mujeres y 200 hombres. Diego de Medina, estimaba que en 1615 el número de mujeres cautivas era de 200: -”_ Fuele preguntado diga y declare que tanta cantidad de cautivos y cautivas españolas están en poder del enemigo.
- Dijo que cautivas españolas hay en poder del enemigo más de docientas y que todas o las más dellas tienen hijos de los indios, y que españoles hay pocos porque los han muerto en borracheras y otras ocasiones_”.
- Medina de, Diego. 1615. “Declaración de Diego de Medina, que estuvo cautivo entre los indios sobre el estado de aquellas cosas.” Abril 3 de 1615. Manuscritos Medina. Tomo 11, pp 257-261.
Según las crónicas del jesuita Diego de Rosales, cuenta la historia de una valiente mujer española que logró escapar y herir al mismo Lientur, uno de los caciques más importantes, el relato que reivindica el valor de la mujer española dice así:
“…Escapóse Lientur bien herido y perdió las armas de acero…y las perdió en ocasión que estubo para perder la vida por un heroico hecho de una española captiva, señora muy principal y muy hermosa, a la qual captivó el mismo Lientur y la llevaba como su esclava a las ancas. Esta, encomendándose a Dios y pidiéndole que le diesse fortaleza para matar a aquel bárbaro con sus propias manos, como iba con las dos manos asidas de él para tenerse bien en el caballo y no caer en el raudal de el río, desembarazó la mano derecha y sacándole con ella un puñal que llebaba el indio en su vayna le tubo bien con la otra mano y con la diestra le dió tal puñalada por los lomos, que le derribó de él en el río, o él cayó despavorido, y fué su ventura el caer, que si no le acaba la vida, mas él se escapó a nado entre las olas y le conservó Dios la vida para nuestro azote, y la valerosa española, ganando la silla del caballo, se escapó y se vino a los nuestros, que si dexa muerto a Lientur, la podían recivir con los aplausos y cantares…”
Diego de Rosales. Historia General del Reyno de Chile Tomo 2 p 652.