Articulo: La Bandera que Falta

Reproducimos un articulo de Fernando Miranda Prof. Filosofia de Universidad Católica,  publicado el 22 Diciembre 2019,  en el diario El Mostrador.

Durante la reciente movilización social hemos visto la bandera mapuche y la chilena flamear por cuanta protesta, desfile o evento se lleva a cabo. Más allá de la absoluta legitimidad de la indignación expresada me gustaría aportar algunas observaciones al tema de la bandera, llamando la atención sobre la ausencia de una bandera olvidada, creo, injustamente, y que ese olvido mucho tiene que ver con nuestro desconcierto como pueblo: las aspas de Borgoña, bandera del imperio español desde Carlos V.
La mayor parte del pueblo chileno se reconoce mestizo, y con razón, pero para ser mestizo se requieren dos etnias y hasta ahora solo parece reconocerse la indígena, especialmente mapuche. Sin embargo, los mismos que enarbolan la bandera mapuche hablan castellano (el idioma de Castilla), exigen derechos de origen grecorromano y hasta la idea de usar banderas la heredaron de los españoles y, si se miran a la cara, se verán mestizos españoles, y una de sus banderas debiera ser entonces la del Imperio. ¿por qué entonces este deseo de ignorar u olvidar al menos la mitad de su origen y, en verdad, la mayor parte de su cultura? Podría haber dos causas principales: la leyenda negra, y la presencia inglesa.

La leyenda negra, ya sabemos, fue la campaña de propaganda organizada por Inglaterra y Holanda principalmente para desprestigiar a España presentando al mayor poder de la época como una oscura dictadura inquisitorial, plena de ignorancia y fanatismo. Sucedía esto, curiosamente, poco después de la controversia o Junta de Valladolid, donde, por primera vez en la historia un imperio, el español, se había obligado a sí mismo a detenerse en la conquista y considerar si se tenía o no razón, si era o no justa. Disputa en que los indígenas tuvieron una brillante aunque acaso exagerada defensa de parte de Bartolomé de las Casas. La leyenda negra tuvo tal éxito que incluso en la actualidad forma parte del inconsciente colectivo y la mayor parte de la gente, chilenos incluidos, dan por hecho todo lo que allí se dice.

Otra cosa es la presencia inglesa que no se refiere solo a Inglaterra sino también a Estados Unidos y, en definitiva, a la cultura e idioma inglés. Por todas partes vemos el idioma inglés, incluso como símbolo de la rebeldía, en las poleras, en las paredes; parece que hablar o escribir inglés fuera una especie de invocación de una historia y una cultura superiores, una a la que aspiramos, aunque casi el 90% de los chilenos ni siquiera entienda el idioma de Shakespeare a nivel funcional. Esta anglofilia solo se puede entender como resultado de una propaganda tan efectiva que ha hecho de la supuesta superioridad inglesa un dato indiscutible (algo en lo que curiosamente parecen estar de acuerdo los encapuchados: “acab”[1], y las elites: “avenida Presidente Kennedy” y cuanto colegio de nombre inglés podamos imaginar). Hemos olvidado que Inglaterra llegó a América solo en busca de comercio y riquezas, destruyendo para ello lo que era el imperio español del cual nosotros, los chilenos, formábamos parte: un imperio que se extendía desde la Patagonia hasta el centro de lo que hoy es Estados Unidos. Un imperio que, sin negar sus muchos defectos, no puede ser juzgado con ojos de siglo XXI, y que intentó al menos, acaso como ningún otro en la historia, ser un imperio creador, civilizador y no meramente depredador. Porque por algo somos mestizos: porque el conquistador español asumió este nuevo mundo y sus pobladores como seres humanos y no como blanco de caza. Observemos al pasar que el mestizaje brilló por su ausencia en las colonias británicas de Estados Unidos.

Hay una natural admiración de los, y las, jóvenes por la valentía, la gallardía y las causas nobles y elevadas; algo que abunda en la amplia historia del imperio español. Sin duda no hay que caer en la idealización ni de nuestros antepasados indígenas ni del imperio español, pero tampoco hay que negarlos: somos descendiente del único pueblo indígena que logró defender sus fronteras, pero también somos herederos de los vencedores de Navas de Tolosa, de los que detuvieron al imperio turco en Lepanto (en una coalición donde no estaban los ingleses), de los constructores del imperio donde nunca se ponía el sol. Y también, no hay que olvidarlo, del imperio que hizo el esfuerzo de traer la vacuna a América, que fundó universidades y que se relacionó con los mapuches de una forma bastante más respetuosa y eficiente que los chilenos.

Mirémonos a la cara, somos indios, somos españoles.

Fuente: https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2019/12/22/la-bandera-que-falta/