25 de diciembre de 1553, se produce la muerte del Gobernador Pedro de Valdivia en la batalla de Tucapel en 1553, donde perecen todas las fuerzas españolas a manos de Lautaro. En esos instantes su esposa, Doña Marina Ortiz de Gaete, se encuentra viajando desde la península y solo al arribar a Santiago conoce de la muerte de su marido, de quien tristemente no existe tumba pues los indígenas dieron cuenta de su cuerpo en prácticas antropofágicas.
La madrugada del 23 de diciembre de 1598, se produce una emboscada y ataque al campamento español y es asesinado el Gobernador de Chile, Martin Oñez de Loyola, quien estaba casado con la princesa Inka Beatriz Clara Coya, con quien tuvo una hija Ana María Lorenza de Loyola, que obtuvo el título de Marquesa de Santiago de Oropesa. La muerte del gobernador se produjo cuando su columna fue aniquilada por las fuerzas lideradas por cuatro toquis araucanos Paillamachu, Pelantaro, Huaiquimilla y Anganamón. Con este hecho bélico comienza una gran sublevación indígena que destruye múltiples ciudades y son capturados muchos españoles, y pone en jaque todo el avance colonizador realizado hasta la fecha. Leer más
Esta fecha se conmemora por segundo año consecutivo, pero en esta oportunidad en la figura del Alonso de Ercilla, autor de «La Araucana». De este modo, Hispanismo Chile y el Centro Indiano de Cultura y Pensamiento, prepararon el acto que contó con la presencia del ex Cónsul de Chile en España, Don Rodrigo Quiroga, así como de varios amigos y simpatizantes del hispanismo, en el acto se leyeron breves discursos, algunos fragmentos del poema. En la ocasión el ex diplomático, tuvo la oportunidad de expresar su admiración por Alonso de Ercilla y relató los diversos homenajes que realizó en su honor en España así como anécdotas del lugar donde reposan sus restos.








Al finalizar ese su desempeño militar fue reconocido y recompensado con minas de plata en el cerro de Porco (Potosí), y tierras en el valle de la Canela (Charcas). Cercana a esta encomienda estaba la parcela asignada a la viuda de un militar, Inés Suárez, con quien estableció un vínculo íntimo, a pesar de estar casado en España.
Llegan noticias inesperadas. Alonso Corona, jefe de la guarnición de Purén, advierte sobre un inminente levantamiento de los indios, y pronto los chasquis informan que Tucapel ha sido destruido. Curtido en tantas batallas, cual Quijote el Padre de Chile no se amedrenta. Juzga pacificado el Arauco, y cree que enfrenta una asonada local. Envía una nota a Juan Gómez de Almagro para que se le reúna en Tucapel el día de navidad con algún contingente de caballería, y parte a la lid con poco más de cincuenta cristianos y dos mil indios amigos. La providencia siempre le ha socorrido: ¿por qué dudar esta vez? 
